Enseñar no es transferir conocimiento sino crear las posibilidades para su propia construcción.

-Paulo Freire-

Filosofía Docente

Tal y como yo lo entiendo, mi papel como profesor es apoyar a los estudiantes en su viaje de aprendizaje y fomentar un entorno y procesos de aprendizaje donde puedan: 

1

Desarrollar sus propias motivaciones intrínsecas para aprender.

2

Construir comprensiones críticas del mundo.

3

Comprometerse a transformarse a sí mismos y al mundo.

Para apoyar este tipo de proceso de aprendizaje en mis alumnos me baso cada vez más en lo que se denomina la teoría del aprendizaje transformativo. 

Teoría del aprendizaje transformativo

Desde mi llegada a la universidad, hace unos cinco años, me he interesado cada vez más en promover lo que se llama aprendizaje transformador.

La educación transformadora puede considerarse como la pedagogía del cambio donde los estudiantes pueden adquirir las habilidades y conocimientos para transformarse a sí mismos, al mundo exterior y al futuro (Sterling, 2001). Estos conocimientos y habilidades no se consideran “información o contenidos a transmitir”, sino productos de un proceso de aprendizaje más participativo, critico y reflexivo, y holístico.  El aprendizaje transformador no es un método o un conjunto de estrategias de enseñanza, sino que puede considerarse una nueva perspectiva, que puede ayudar a los estudiantes a reconstruir su visión del mundo (Taylor 2008). 

Esta teoría surgió en el campo de la educación de adultos con el trabajo de Jack Mezirow (1991), que postula que pueden producirse cambios ontológicos y epistemológicos más profundos en determinadas condiciones y procesos educativos. La teoría original de Mezirow se centraba en los individuos y en lo que él denominaba esquemas de significado.  Los esquemas de significado están constituidos por creencias e ideas sobre nosotros mismos y el mundo. Son heurísticos que nos ayudan a dar sentido a nuestras experiencias del mundo. Estos esquemas de significado cambian cuando nos enfrentamos a lo que Mezirow llama un dilema desorientador. Ejemplos de estos dilemas desorientadores pueden ser el enfrentarse a una pérdida, una enfermedad grave o un cambio importante en nuestras vidas. El aspecto importante del modelo de Mezirow (que tiene implicaciones pedagógicas) es cuando estos dilemas son aprovechados por individuos o grupos para provocar un profundo cuestionamiento y reflexión sobre los valores y creencias existentes. Este profundo cuestionamiento puede conducir a la aparición de nuevas identidades, prácticas y cambios. 

La teoría del aprendizaje transformativo, en sus primeras versiones, fue criticada por su enfoque en los individuos y en los procesos racionales principalmente cognitivos.  Con el tiempo, la teoría ha integrado perspectivas sociológicas que se centran en el cambio social colectivo (Schugerensky, 2012) y enfoques más holísticos y espirituales (Taylor & Cranton, 2012). En mi práctica docente me baso en este modelo más integral de aprendizaje transformador, tal y como lo propugnan O’Sullivan y Taylor (2004). Su modelo se centra en procesos de transformación más colectivos, en aspectos no cognitivos y en experiencias extra-racionales. 

En parte, mi interés por la teoría del aprendizaje transformativo ha surgido de la necesidad. Imparto cursos relacionados con problemas complejos, como el CBU sobre educación para la sostenibilidad.  La educación para la sostenibilidad se ocupa de la relación de los seres humanos con el planeta. La forma en que los seres humanos se ven a sí mismos (su identidad) determina en gran medida cómo interactúan en su entorno. Uno de los principales objetivos de la educación para la sostenibilidad es promover un cambio en las visiones del mundo, pasando de una cosmovisión antropocéntrica a una eco-céntrica.  Desde una perspectiva pedagógica, esto requiere ir más allá de los enfoques transmisivos tradicionales de la enseñanza del aprendizaje hacia enfoques más activos, críticos y holísticos. 

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